Todos conocemos la historia de Félix Rubén García Sarmiento, nombre de bautizo de nuestro insigne poeta Rubén Darío, que nació un 18 de enero de 1867 en la pequeña Metapa, hoy ciudad Darío ;pero este genio de las letras castellanas trasciende las míticas fronteras de las historias con las que crecimos admirándolo, lejos quedan las leyendas del niño que huyó de casa y fue encontrado lactando de la teta de una vaca, lejos queda su hazaña intelectual al haber aprendido a escribir y a leer a sus escasos tres años de edad; su verdadera grandeza reside en el poder intelectual de su literatura y la crítica social profunda que desgarraba su alma de poeta, de genio, de visionario, de artista.

Fallece un 06 de febrero de 1916, luego de una extenuante agonía, y tras su muerte –como era de suponerse- deja otras historias mas de carácter fabulesco, ¿realmente su cerebro era mas grande que el promedio normal?; pero lo grandioso de nuestro principe literario no reside en sus dotes excepcionales de masa cerebral (mucho menos en la controversia familiar que generó su disputa), el genio de Darío -muchas veces poco valorado-  se manifiesta en la contextualidad y la vigencia de su alcance visionario, su capacidad magistral para relatar a través de su arte modernista la esencia de ser humano, el hombre frente al mundo, con sus vívidos episodios existenciales y sus temores que revelan su naturaleza metafísica.

¿Por qué leer a Darío a mas de cien años de su muerte?

Podría citar sus hermosas construcciones de rima y prosa, que sin lugar a duda nos quita el aliento con su magistral ritmo musical y su elegante influencia parnasina y simbolista de herencia francesa, sin embargo mas allá de la elegancia innegable de su poesía, se desgrana una obra pura y humana que desnuda el verso de su elegante capa y revela una poesía existencial, social y visionaria.

El arte desde Darío recibe la influencia mística del hombre y su naturaleza, desnudemos su verso mas allá de su criticada forma y belleza excelsa, vamonos a las profundidades de su esencia humana,  encontremos al hombre-poeta, a ese sujeto de pasiones y constante en su agonia frente al mundo. Perfectamente concordamos en que su obra da para escribir cientos de cuartillas –como ha ocurrido ya – haré un pequeño recorrido en cortos versos que desde de mi atrevida percepción representan esos grandes motivos que impulsaron su genio poético, su visión del arte, su angustia existencial, su erotismo, su sincretismo religioso y su lado humanístico vivenciado hacia la dimensión socio política.

Con Azul (Valparaiso, Chile : 1888), se inaugura la etapa mas internacionalista de nuestro poeta –o por lo menos eso nos enseñaron- pues nadie es profeta en su propia tierra y Darío lo supo perfectamente cuando su talento brilló en lugares lejanos del contienente.

“A Chile le agradezco una inmensa cosa: la iniciación de la lucha por la vida. Nunca podré olvidar que allí pasé algunas de las más dulces horas de mi vida, y también de las más arduas, pues en Chile aprendí a macizar mi carácter y a vivir de mi inteligencia”, esto expresó sobre su experiencia en un país distinto del nuestro, aquí vivenció no solo el florecimiento de su obra, si no su desencanto con el avasallador capitalismo y las antagónicas luchas de clases que dividían la coyuntura de la época.

En el Darío del Chile del moribundo siglo XIX, no solo nace Azul, aquí nace la esencia más humana del poeta frente a su entorno y su realidad más profunda, la esencia del Ser frente al mundo y sus paradojas más crudas. Sus cuentos se alejan de la percepción clásica y romántica, para abordar problemáticas de la sociedad de la época y por supuesto su visión de artista frente a una sociedad del vivenciado capitalismo.

Cuentos como el Fardo no solo exponen la enorme sensibilidad de nuestro poeta, sino su delicada interpretación por la realidad que experimentaban los sectores marginados de esa sociedad, los personajes de ese cuento representan aquellas rostros invisibilizados por el resplandor de las luces de los espaciosos y extravagantes salones de las urbes chilenas, él le da rostro al sector no favorecido, al pobre y explotado del sistema.

“Había, pues, mucha boca abierta que pedía pan, mucho chico sucio que se revolcaba en la basura, mucho cuerpo magro que temblaba de frío; era preciso ir a llevar qué comer, a buscar harapos, y para eso, quedar sin alientos y trabajar como un buey.” De igual manera en sus otros cuentos expuso realidades propias de otros sectores, aquellos componentes que eran marginados, abusados e ignorados como pieza descartable del incipiente y explosivo consumismo que ya vivenciaban las sociedades más modernas de la época. El Pájaro Azul, El Sátiro Sordo, El Rubí, El Palacio del Sol, entre otros, forman parte del repertorio de este libro, y en ellos se vivencia el pensamiento de Darío frente a la sociedad chilena de la época, su espacio como artista, y sus linaje humanístico frente a la injusticia social.

Con Prosas Profanas (Buenos Aires, Argentina : 1896), se inaugura una etapa en su carrera artística con un lenguaje más precioso, la forma, la métrica, la rima y su esencia elaborada de corrientes preciosas del simbolismo francés, encuentran su esplendor en la concepción artística de Darío, es en esencia la exaltación de la belleza de la vida y la muerte, los grandes temas abordan la belleza de ciclos vitales de la naturaleza humana y nos brinda un recorrido multifacético a través de su poesía.  El amor y la mujer, el erotismo, la preocupación metafísica, la mitología, el arte y su relación con el ritmo del universo constituyen los temas recurrentes de esta obra.

Tomo como ejemplo un pequeño fragmento del poema “Mía”:

Tu sexo fundiste/ Con mi sexo fuerte/ Fundiendo dos bronces…

Darío vivencia una experiencia completa de la pasión expresada de forma simbólica a través del arte, de su rima elegante y sofisticada, a través de un lenguaje precioso y exquisito. Pero no solo expone las vivencias de carácter carnal, si no aquellos pensamientos del hombre metafísico frente al mundo, la sombra abrumadora del placer en la juventud y su espacio como “ser” frente al cosmos.

Otra de las obras que marca su producción literaria es Cantos de Vida y Esperanza, publicado en Madrid en 1907, esta obra –desde su nombre- marca una diferencia clave en su producción artística, el hombre-poeta más reflexivo, con una madurez que acentúan los años y los desgastes de la vida. Pero en su sumo contenido una obra que representa su lado más humano, crítico, racional, reflexivo y existencialista.

Cito un pequeño fragmento de la Canción de Otoño en Primavera:

“y de nuestra carne ligera imaginar siempre un Edén, sin pensar que la Primavera y la carne acaban también…”  su manifiesto literario alude a lo pasajero de la juventud, y su cercanía con el ciclo vital de la antítesis de vida-muerte, el temor del individuo racional frente a las circunstancias inevitables de la naturaleza humana y su terror por lo incierto a lo desconocido que sofocaba su espíritu, pero a la vez le brindaba el confort de la resignación.

De igual forma, podemos ver a un Darío visionario, antiimperialista con su poema que publicase en 1904  “A Roosevelt”:

“Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.”

Con estos versos expresó una dura crítica a los mecanismos imperialistas de la potencia del norte, este fragmento lírico, tendría un componente profético vaticinando el salvajismo de los procesos que ensombrecieron a nuestro continente bajo la hegemonía política del Gobierno de EE.UU, la explotación y dominación hacia nuestros pueblos durante el siglo pasado.

Hablar de Rubén Darío es explorar una fuente inagotable de todo, su poesía no solo moderniza el verso y la prosa en el castellano, es una poesía con contenido humano, existencial  y social que nos invita a reflexionar sobre el sentido de “Ser”, sobre explorar cual es nuestro espacio en el ritmo del universo, entre otros temas trascendentales del espíritu y la naturaleza humana.